El ‘Nasdaq chino’ ha perdido casi la mitad de su valor desde su pico máximo de mediados de año, dibujando una auténtica montaña rusa de furor y resaca en torno al auge de la inteligencia artificial (IA), elevando los temores al pinchazo de una ‘burbuja’ y a su posible contagio a otros mercados.
Desde julio, el STAR 50, el índice de referencia del mercado STAR de la Bolsa de Shanghái -equiparado con el Nasdaq neoyorquino por su énfasis en valores tecnológicos- acumula una caída del 48 %.
Algunas de las empresas que lo componen han pasado de protagonizar espectaculares salidas a bolsa con subidas a tres dígitos en sus debuts a ver cómo su cotización se desplomaba: Cambricon, MetaX y Moore Threads, que han sido descritas como alternativas locales al gigante estadounidense Nvidia, registran bajadas de entre un 45 y un 58 % desde sus picos.
La situación también se extiende a los fabricantes de semiconductores, claves para la IA y una apuesta estratégica de Pekín para reducir su dependencia de terceros: los dos mayores del país, SMIC y Hua Hong, se han derrumbado un 44 y un 67 %.
Los inversores piden pruebas de la IA
La coyuntura no solo afecta a inversores institucionales sino también a los minoristas: muestra de ello son dos de las salidas a bolsa más relevantes de los últimos meses, las del popular fabricante de robots humanoides Unitree y el productor de chips de memoria CXMT, que registraron una demanda minorista más de 8.000 veces y más de 200 veces superior a la oferta de acciones disponible, respectivamente.
Quienes lograron entrar en esa operación celebran aún una revalorización de entre un 300 y un 400 % con respecto al precio de salida, pero la otra cara de la moneda es que quien compró en el pico acumula un rendimiento negativo del 41 % en el caso de la primera y del 32 % en el de la segunda.
Posible burbuja
A la vista de estas cifras, no es que hayan faltado voces que alertaban de una posible burbuja, pero en cualquier caso los inversores se preguntan ahora el porqué: según Ryan Sweet, de Oxford Economics, el mercado -no solo en China- ha pasado de celebrar el gasto «a cualquier precio» en el sector a exigir pruebas sobre la financiación y las posibilidades de obtener retornos.
En un reciente informe, el analista recuerda que el CSI 300 -índice que aglutina los trescientos principales valores de las bolsas de Shanghái y Shenzhen- ha seguido una trayectoria similar al Nasdaq a lo largo de octubre y que otros referenciales como el Kospi surcoreano han sufrido mucho más, pero asegura que, en cualquier caso, ha entrado en territorio bajista (‘bear market’, en inglés).
La caída de las tecnológicas se debería, según Sweet, más a una «reevaluación de los riesgos de financiación y de retorno del gasto de capital» que a «un derrumbe de la demanda de IA, que sigue siendo sólida», en parte justamente gracias a los modelos chinos.
La IA, clave para el PIB chino
«Los crecientes costes del capital están poniendo bajo presión a las empresas que no pueden financiar sus inversiones por sí mismas», sentencia Sweet, que estima que, en caso de que el ‘boom’ de la IA de paso a una crisis, el PIB chino podría situarse un 1 % por debajo de los pronósticos, y advierte que la supuesta burbuja no necesitaría estallar «para provocar daños económicos amplios».
Y es que, según indicó en julio Julian Evans-Pritchard, de Capital Economics, la IA ya se ha convertido en «el principal motor de crecimiento» para la segunda economía mundial: sus estimaciones apuntan a que el sector tecnológico aportó un tercio del crecimiento del PIB en el segundo trimestre.
No solo lo es a nivel interno: otro informe de Oxford Economics aseguraba en agosto que la estrategia de Pekín es la misma que en otros sectores industriales, es decir, fomentar la capacidad de producción, azuzar la competencia a nivel nacional y reducir precios para desplazar a los competidores extranjeros, aunque EE. UU. mantiene su ventaja en computación y chips avanzados.
El planteamiento, no obstante, entraña un importante riesgo, enunciado por Evans-Pritchard: «La contribución del sector de la información y las tecnologías de la comunicación seguirá siendo importante a lo largo de los próximos trimestres y podría crecer. (…) Pero deja a la economía china expuesta al futuro fin del ‘boom’ de la IA».
