Declaran procedente el despido de un trabajador con mermas físicas incompatibles con su puesto

 Un juez de Granollers (Barcelona) ha declarado procedente el despido de un empleado con limitaciones físicas por considerar que, pese a los esfuerzos de una empresa para adaptar su puesto a sus problemas de salud, las lesiones que sufría eran incompatibles con su empleo de técnico frigorista.

El trabajador demandó a la empresa para que el juzgado declarara nulo su despido y la obligara a indemnizarle con 7.501 euros, al alegar que el cese vino motivado por las limitaciones de salud que sufre, cuando es apto para trabajar siempre que la compañía le adapte su puesto, ya que la Seguridad Social (INSS) así lo determinó tras rechazar otorgarle una incapacidad permanente.

Por su parte, la compañía se opuso a la petición con el argumento de que, pese a haberle adaptado el espacio de trabajo, no podía llevar a cabo «la mayoría de tareas propias del puesto», que implican «una carga de columna lumbar o subirse a escaleras», por lo que solicitaron que se desestimara la demanda.

En una sentencia, el Juzgado de lo social número 2 de Granollers rechaza que haya una voluntad discriminatoria en la decisión y explica que el despido procedente «por ineptitud sobrevenida» puede darse cuando la empresa ha acreditado de manera «suficiente y objetiva que existen limitaciones físicas» que impiden o limitan «para realizar el trabajo habitual».

Un juez de Granollers declara procedente el despido de un trabajador con mermas físicas porque no se adaptó a su puesto pese a las medidas que adoptó la empresa

El titular del juzgado de Granollers ha dado la razón a la empresa por considerar que cuando el empleado volvió de la baja que había sufrido, la empresa tuvo la voluntad «de adaptar la exigencia física del puesto de trabajo».

La sentencia detalla que la compañía puso a disposición del trabajador una carretilla y una rampa para la manipulación de los equipos de trabajo, y que también le ofreció formación para la manipulación de objetos pesados, con un seguimiento de las tareas y sus limitaciones mediante reuniones periódicas.

«Lo que no resultaba posible era hacer adaptaciones ergonómicas de las tareas, ya que exigen esfuerzos de columna lumbar y subirse a escaleras», ante lo que tampoco era razonable que tuviera que asistirle por otro trabajador, cuando este tipo de tareas «eran buena parte de las imprescindibles del puesto de trabajo». 

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