La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, dice que asume «con orgullo y una responsabilidad enorme» su candidatura para dirigir la Organización Internacional del Trabajo (OIT), representando «a España, a Europa, al Sur global y a toda la comunidad internacional». Es destacable los sonoros fracasos de la formación política que ha liderado en España. Sumar prácticamente ha desaparecido del mapa político español desde que Yolanda Díaz ha estado al frente, además de su incapacidad de negociar para sacar leyes adelantes como la reducción de la jornada.
Además, ha excluido a todos los agentes, excepto a los sindicatos CCOO y UGT, regados con numerosas subvenciones de distinta índole desde que es ministra, del diálogo social. Y sus datos de empleo sonrojan tanto en Europa como en la OCDE, siendo el país de los 38 mas desarrollados con mayor número de parados.
«La OIT es la casa común del trabajo en el mundo, la que mejor representa el empleo digno y el diálogo social entre trabajadores y empresas», ha dicho Díaz este jueves en su cuenta de la red social Bluesky, después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciara su candidatura.
Como no podía ser de otra manera el cambio climático aparece entre las prioridades de Yolanda Díaz en sus propuestas sobre la OIT
En su mensaje, Díaz sitúa los principales retos para el mundo laboral en la inteligencia artificial, el cambio climático y las nuevas formas de trabajar en plataformas digitales, que «están transformando las empresas y el trabajo a toda velocidad».
«Necesitamos una OIT fuerte, moderna, del lado de las personas trabajadoras, de las empresas, que impulse los derechos de las mujeres y defienda con pasión el multilateralismo y los grandes acuerdos para el siglo XXI», pregona Díaz.
Una OIT, añade, que tenga en el diálogo social un pilar básico -Ella, como ministra de Trabajo, ha liquidado ese diálogo social en España- y que cuente siempre con quienes fortalecen el tejido empresarial en el conjunto del planeta, para garantizar un futuro de empleos de calidad y empresas sostenibles y productivas. Sus ataques e insultos a empresarios han marcado su tiempo en el Gobierno de Sánchez.
