Dentro del mercadeo en que cada año se convierte los Presupuestos Generales de España por la debilidad parlamentaria de Pedro Sánchez, que nunca ha conseguido el respaldo mayoritario y claro de los españoles en las urnas, ha entrado en juego el impuesto extraordinario a la banca y energéticas, y calor, cada pequeño reino de taifas español pide los suyo. El PNV, con sus cinco diputados de 350, que pase a ser un impuesto del concierto vasco. Junts, con sus siete diputados de 350, tras la amenaza de Repsol de no invertir en Tarragona, que se retire. Mientras tanto, Sánchez, como siempre, haciendo un encaje de bolillos, para ver como contenta a todos los intereses de los grupos minoritarios que el apoyan, desde la extrema izquierda, pasando por los proetarras de Bildu y llegando a la derecha independentista de Junts.
Hoy el portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados, Aitor Esteban lo deja claro. Afirma que su partido «no aceptará nunca» una tasa a las energéticas permanente como gravamen, sino como impuesto, y como tal, concertado con Euskadi».
El PNV, socio de Sánchez, afirma que el impuesto extraordinario a energéticas puede ahuyentar inversiones
Ha precisado, sin embargo, que el PNV no cree que sea «muy positivo» establecer el citado impuesto porque puede ahuyentar las inversiones de estas empresas, según ha dicho en una entrevista en Radio Popular.
«En un primer momento, dicha tasa puede suponer recaudar un poco más, pero lo importante es que las empresas inviertan y se creen puestos de trabajo. Creo que es una tasa que responde a razones ideológicas, porque en realidad es gravar dos veces», ha considerado.
Respecto a que las empresas puedan «chantajear» al Gobierno con la amenaza de no invertir en España, Esteban ha remarcado que «hay que saber con quién se juega el partido. Son armas que tienen las compañías, porque el dinero carece de amigos, lealtad o patria, y se puede mover de un sitio a otro. Lo que hay que hacer es saber incentivar y resultar atractivos».


