La cotización de Indra ha virado en un mes desde máximos históricos a una fuerte volatilidad que el mercado atribuye al aumento del riesgo de la gobernanza por el posible relevo del presidente de Ángel Escribano, que finalmente se ha materializado, y por el fin de la operación prevista con EM&E.
Ese es el espacio de tiempo transcurrido desde que el Gobierno con Pedro Sánchez a la cabeza seguido del flamante vicepresidente Carlos Cuerpo comenzaron a hablar de «conflicto de intereses» a resolver en Indra, que no era otra cosa que liquidar al presidente Ángel Escribano aprovechando la participación mayoritaria de la Sepi y poner en su lugar a Ángel Simón, ejecutivo catalán ligado al PSC con el que ya intentó Sánchez controlar CriteriaCaixa. Pero en esa ocasión, Isidro Fainé no se amedrentó y Simón duró como CEO del brazo inversor de la Fundación la Caixa apenas 15 meses y quedó fulminado de un día para otro en la entidad catalana y con ello el sueño de Sánchez y de los socialistas catalanes de colonizar una entidad financiera que siempre ha mantenido su independencia política.

La acción de Indra llegó a marcar un máximo intradía de 66,15 euros el 2 de marzo, en un contexto de euforia por el sector de la defensa y tras unos resultados de 2025 mejores de lo esperado, con cartera de pedidos disparada y una guía 2026 ambiciosa, ha apuntado a EFE Antonio Castelo, analista de iBroker.
Los inversores dejaron de confiar en la estabilidad política de Indra
Castelo ha considerado que la volatilidad de Indra no se debió a que el negocio hubiera empeorado sino a que el mercado dejó de confiar en la estabilidad política y de gobierno de la empresa.
El punto de inflexión fue la crisis abierta por la operación que se negociaba entre Indra y EM&E, la empresa de Ángel Escribano y de su hermano Javier (consejero dominical de Indra), en un contexto en el que los Escribano son los segundos accionistas de Indra (14,3 %), después de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) que tiene casi el 30 %.
Cuando la SEPI exigió resolver ese conflicto de interés antes de seguir adelante, la cotización empezó a corregir con fuerza tras saltar a los medios la posibilidad de un relevo de Escribano y después de que estos últimos renunciaran a la operación que negociaban con Indra.
La acción llegó a caer un 18,95 % en un mismo día
En ese momento, se produjo la caída más acusada en Indra, el pasado 19 de marzo, después de que Indra anunciara que se había clausurado el análisis de la operación con EM&E, después de que la compañía renunciara a la misma.
Ese punto y final se tradujo en caídas del valor de sus acciones que llegaron al 18,95 % aunque el descenso al cierre de la negociación se moderó y quedó en el 12 %.
Este retroceso se produjo semanas después de otro vaivén en Indra, pero en este caso al alza, del 21 % después de presentar los resultados de 2025, que fueron acogidos con euforia por el mercado.
«Indra tiene cartera, contratos y momentum en defensa; cerró 2025 con objetivos superados y una guía 2026 ambiciosa», ha recordado Castelo.
A su juicio, la solución pasará por «cerrar ya una gobernanza creíble, acelerar capacidad propia con inversiones reales y blindar alianzas industriales antes de que otros se lleven esas piezas».
Con la salida de Ángel Escribano se ordena la «gobernanza y separa presidencia y gestión, que era justo lo que el mercado pedía, pero confirma que el poder político vuelve a tener un peso decisivo en la arquitectura de la compañía», ha apuntado.
De momento, ha considerado que persisten tres dudas: «quién manda de verdad, cuál va a ser la solución industrial tras el fracaso de EM&E y qué va a pasar con la participación del 14 % de los Escribano, cuya eventual venta podría meter presión adicional en bolsa».


