Pedro Sánchez se está caracterizando por colonizar instituciones con personas vinculadas a él, pero su afán de poder va más lejos y le ha llevado a intervenir en decisiones tanto de empresas públicas aunque cotizadas, como Telefónica, Redeia, Enagás, Indra, Aena, como cotizadas sin capital público como el BBVA, donde truncó la opa sobre el Sabadell, o en Talgo, traspasado a "manos vascas" por petición expresa del PNV.

Sánchez esgrime al IBEX 35 en su ‘no a la guerra’, pero calla sobre lo que cuesta a los accionistas de Indra la injerencia de la Sepi

El presidente del Gobierno, Pedro, Sánchez, ha señalado que, desde que empezó la guerra en Irán, el Ibex ha acumulado una caída del 9 %, lo que supone que las empresas españolas han perdido «más de 100.000 millones de euros en menos de un mes, casi 5.000 millones por cada día de guerra ilegal». Eso es cierto, pero también que la caída de otros valores no se debe a la guerra si no a una nueva intervención del Gobierno en una empresa cotizada, que, además, en vez de bajar en Bolsa tendría que haber subido como lo han hecho el resto de las empresas del sector de la defensa.

Se trata de Indra. La Sepi, que tiene un 25,159% del capital se ha metido de lleno en la estrategia empresarial de la empresa. Ha acabado con la posibilidad de una fusión con Escribano, algo que el mercado y analistas apoyaban en aras de crear una gran industria de defensa que compitiera a nivel europeo y mundial. La excusa esta vez, ya que no se podía esgrimir la de ‘seguridad nacional’ como en ocurrió con el caso Talgo, es el ‘conflicto de intereses», al ser el presidente de Indra, Ángel Escribano, accionista mayoritario junto a su hermano de EM&E Group.

Sánchez se aferra al ‘no a la guerra’ como único salvavidas de supervivencia en la Moncloa

Durante su comparecencia en el Congreso para informar de la posición del Gobierno en esta guerra, Sánchez ha asegurado que el escenario es «mucho peor» que en la guerra de Irak, con un potencial de impacto «mucho más amplio y profundo».

Ha destacado que el primer mes de guerra ha tenido también como consecuencia 12.000 millones de dinero público gastado en operaciones militares y una «contracción severa del turismo, el comercio marítimo y el tráfico aéreo mundial».

Se ha referido además al «incremento drástico del precio de los hidrocarburos, los fertilizantes y el helio, necesarios para el correcto funcionamiento de la economía mundial y la seguridad alimentaria de millones de personas».

En su balance económico del primer mes de conflicto, el presidente ha apuntado asimismo que en España el diésel y el gas han llegado a subir un 35 % y un 95 %, respectivamente, y ha incidido en que la guerra en Irán es un «desastre absoluto» que «nadie sabe cuánto va a durar».

Y habría que preguntarse que si tan horrible es el impacto económico de la guerra, ¿por qué ha tardado tres semanas en tomar medidas?

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